viernes, 25 de octubre de 2019

CRIMEN Y CASTIGO

Dostoiewski, F. (1866). Crimen y Castigo. Recuperado de https://www.academia.edu/20450459/CRIMEN_Y_CASTIGO


CRIMEN Y CASTIGO

PRIMERA PARTE

En los primeros días de julio, en esa época tan calurosa del año, salió un joven una noche de su cuartucho, situado en la calle S., descendió la escalera y, lentamente, con aire irresoluto, encaminóse hacia el puente K...
Pudo ganar la calle sin ser visto por su patrona. 
Su buhardilla, situada debajo del techo de aquella casa de cinco pisos, parecía más bien un retrete que una habitación. La patrona, que también hacíale la comida, ocupaba en el piso inmediato un departamento independiente. Por esta circunstancia, para salir a la calle veíase obligado a pasar delante de la cocina, cuya puerta, que daba a la escalera, permanecía casi siempre abierta de par en par. 
Cada vez que tenía que hacerlo, el joven, experimentaba una sensación de embarazo y malestar, de la que se avergonzaba, y la que le hacía fruncir el ceño. Estando atrasa do en el pago, procuraba no enfrentarse con ella.
Esto no quiere decir que estuviese acobardado o abatido, no; pero, desde hacía algún tiempo era tal su estado de irritación nerviosa que rayaba en la hipocondría. Vivía a tal punto concentrado en sí mismo y en un aislamiento tan completo que temía todos los encuentros, y no ya sólo el de la portera. Agobiado por el peso de su miseria y su desamparo, terminó, sin embargo, por no pesarle. Hizo abandono de las ocupaciones que en otro tiempo le procuraron el pan cotidiano, y no se preocupaba por conseguir otras. En realidad, no era por temor que huía de su patrona, cuales quiera que fuesen los propósitos que pudiera abrigar contra él.
Pero detenerse en el rellano, prestar oído a la eterna cantinela acerca de temas que no le interesaban en absoluto, oír luego con insistencia amonestaciones sobre la obligación de pagar el alquiler, y sus recriminaciones, sus quejas, y, lo que es peor, verse obligado a recurrir a subterfugios, inventar excusas, mentir... No, más valía deslizarse silenciosamente como un gato por la escalera y desaparecer sin ser visto por nadie.
Esta vez él mismo se asombró, cuando estuvo en la calle, del temor de encontrar a su acreedora.
“¿Debo asustarme de semejantes pequeñeces cuando proyecto un golpe tan atrevido? -se decía, sonriendo de un modo extraño-. Sí... Es cierto... Todo está en las manos del hombre, y todo lo deja escapar, por cobardía... Es un axioma... Me agradaría saber qué es lo que más temen los hombres... Dar un paso hacia adelante, pronunciar una palabra de su propia cosecha: he aquí lo que temen más que nada. Pero hablo demasiado... Y es muy posible que sea este hábito mío de monologar el que me priva de hacer nada... Pero de igual modo puede ser a la inversa: hablo mucho porque no hago nada. En efecto; llevo ya mucho tiempo, meses quizá, monologando, acurrucado en un rincón días enteros, con el espíritu perturbado por ideas raras. Vamos a ver: ¿por qué voy ahora allá? ¿Soy capaz de dar el golpe? ¿En realidad, es esto una cosa seria? No, no lo es. Me estoy engañando con una ilusión, y esto me causa placer. Es una distracción, sí, es más bien una distracción...”
Hacía en la calle un calor sofocante: la atmósfera era casi irrespirable. El rumor de la multitud, la vista de la cal, los andamios, los ladrillos, y ese olor particular tan conocido por los habitantes de San Petersburgo que no pueden alquilar una casa de campo en el verano, todo contribuía a aumentar la nerviosidad del joven. El insoportable olor de las tabernas y figones, numerosos en esa parte de la ciudad, y los borrachos que a cada paso se encontraba, aun siendo un día laborable, acabaron de dar al cuadro un repugnante colorido.
Hubo un momento en que los finos rasgos del joven reflejaron amargo disgusto. Su figura era, en efecto, atrayente: de bellos ojos de un azul oscuro, cabello castaño, talla superior a la mediana, esbelto y bien proporcionado. De pronto pareció quedar sumido en una profunda abstracción, o más bien en una especie de letargo. Continuó avanzando sin reparar en lo que le rodeaba, sin el menor deseo de ver nada, por otra parte. De vez en cuando, y sin darse cuenta, se le escapaban algunas palabras, según su costumbre, como acababa de reconocerlo. En aquel momento advirtió que sus ideas se embrollaban y confundían, apoderándose de él una gran debilidad: hacía dos días que casi no comía.
Eran tan miserables sus ropas que otro cualquiera, a pesar de la costumbre, habría tenido reparos en salir de día con aquellos andrajos. A decir verdad, ese barrio no era como para que causara asombro una indumentaria como aquélla. La proximidad del Mercado del Heno, con profusión de establecimientos de un ramo especial, y sobre todo la población, formada por artesanos y jornaleros, amonto-nada en esas calles y callejuelas del centro de San Petersburgo, daban al ambiente una animación tan múltiple que no había motivo para sorprenderse por la presencia de una silueta más o menos rara. Pero era tal el desdén que desbordaba del alma del joven que, a despecho de una delicadeza que lindaba a veces con la candidez, era en la calle donde menos que en cualquier otra parte sentía vergüenza de exhibir sus harapos. Otra cosa hubiera sido de encontrarse con alguna persona conocida o con alguno de sus antiguos camaradas, a los que en general no gustaba frecuentar. Sin embargo, un ebrio al que conducían en un carro vacío tirado por un caballo le interpeló al pasar: “¡Eh, tú! ¡Sombrerero alemán!”

Formulación de nuevos interrogantes:

¿Cuales son los trastornos mentales que padecía el joven?

•¿Que sucesos o problemáticas tuvo que vivir el joven en su niñez, para que desarrollará tal comportamiento en su etapa adulta?

•¿Cuales fueron los eventos que sufrió San Petersburgo para quedar en tal estado?

Parafraseo:

• De pronto pareció quedar sumido en una profunda abstracción, o más bien en una especie de letargo.
Se refiere a que el joven se sintió confundido a tal grado de no entender nada de lo que rondaba por su cabeza.

• Prestar oído a la eterna cantinela acerca de temas que no le interesaban en absoluto. Con eterna cantinela se refiere a la cantidad de personas que hablan infinitamente sobre temas fuera del interés del joven.

Resumen:

Se habla de un joven con ciertas conductas inseguras  y nerviosas, pues el encierro en sí mismo lo llevará a pensar de una manera pesimista y a hacer lo posible por evitar situaciones que lo aborrecen en un pueblo poco presentable.
 El joven se sentía tan miserable y avergonzado al escapar de sus obligaciones, que desarrolló una crisis nerviosa y en eso se da cuenta que existen cosas más grandes que sus problemas y aún así son insignificantes para ciertos ojos.
Se muestra una concepto tan retorcido y desagradable del pueblo, que la imagen extravagante del joven queda opacada por este mismo.

Organizar la información en gráficos:

                               CRIMEN Y CASTIGO

1. Un joven particularmente Solitario.
2.El joven escapa de sus obligaciones.
3. El joven carcomiendose entre la culpa y la vergüenza agobiado por el peso de su miseria.

4. El joven reflexiona y se da cuenta que un hombre con responsabilidades puede soltarlas si es que se siente acobardado ante ellas.
5. La presencia del joven se desvanece entre personas, suciedad y un ambiente desagradable en el pueblo de San Petersburgo.
6. Un ebrio en una carroza le grita, "Eh tu! Sombrerero alemán!"
Brayan Felipe Orozco Osuna
100062481
Habilidades de la comunicación.